Sadly, I wasn’t surprised to hear that the New York City Taxi & Limousine Commission (TLC) decided again, in March, to not issue new For-Hire Vehicle (FHV) licenses for another six months… even to struggling traditional FHV bases that played no hand in the congestion that the “pause” is attempting to mitigate. The TLC went to the trouble of assembling a Black Car and Livery Task Force, asking participants to compile a report, but I guess the findings weren’t enough to move the needle.

The December report  revealed there were 5,112 Livery cars in January 2022 – a 73% drop from six years earlier, creating a dilemma where many Livery bases are unable to accommodate up to 40% of the calls coming in requesting service. That’s a lot of dissatisfied customers that will likely get tired of hearing, “Sorry, we can’t help you,” and move on. Permanently.

“It is a sad situation, we can’t provide a much-needed service in our boroughs,” Cira Angeles, who served on the Black Car and Livery Task Force, told media outlet, The City. “These are drivers that serve underserved communities where yellow taxis and others do not work. Honestly, everybody’s biting their nails from nerves, because the whole industry is bad, bad, really bad. Right now, everybody is saying they’re not making enough money to take home or to meet their expenses.”

The fact is, the TLC could just end the pause for traditional bases. Or City Council could do it. Mayor Adams already said on multiple occasions he supports the idea. So, what’s the hold up?

If the City wants to kill off a decades-old industry, the least its regulators and legislators can do is offer a reasonable exit strategy to businesses and drivers. I applaud the TLC for throwing a lifeline to people struggling under Taxi medallion debt, but that only proves the city can move mountains when it wants to. Traditional FHV bases aren’t asking to have mountains moved – just a modest number of additional “limited” vehicle licenses to serve their customers. Seriously, why should these bases suffer because of the misdeeds of venture-capital-fueled goliaths and city officials who refused to act until it was too late?

“The minimum the city should do is allow businesses to recover in permits some of the business they lost to COVID,” Avik Kabessa, CEO of Carmel Car Service and Livery Round Table board member also told The City. “This is not a cap, this is a death sentence.”

“Death sentence” is no exaggeration… and it’s a slow, cruel one that honestly makes no sense. Work has steadily been returning since the city fully reopened, but traditional FHV bases don’t have enough drivers to cover it, thanks to the cap. Traditional bases weren’t responsible for the moratorium being put in place; it was only necessary after High-Volume FHV’s were given free rein to run amok, devastating FHV companies that had been serving the city’s citizens and tourists for decades.

¿Es por negligencia o por un abandono intencional que la ciudad permite que las bases de vehículos de alquiler mueran lentamente?

Lamentablemente, no me sorprendió escuchar que la Comisión de Taxis y Limusinas (TLC, por sus siglas en inglés) de Nueva York haya decidido nuevamente, en marzo, no emitir licencias nuevas para vehículos de alquiler durante otros seis meses… ni siquiera a bases de vehículos de alquiler tradicionales que están en aprietos y que no tuvieron incidencia en la congestión que la “pausa” está intentando atenuar. La TLC se tomó la molestia de reunir un equipo de trabajo de Black Car and Livery Task Force, y pidió a los participantes que confeccionaran un informe. Sin embargo, creo que los hallazgos no fueron suficientes para que la situación cambiara.

El informe de diciembre reveló que había 5,112 vehículos de empresas de alquiler en enero de 2022, una baja del 73 % en comparación con seis años atrás, lo que creó un problema por el que muchas bases de empresas de vehículos de alquiler no pueden proveer servicios para un 40 % de las llamadas que los solicitan. Son muchos clientes insatisfechos que probablemente se cansen de escuchar “Lo siento, pero no podemos ayudarlo” y dejarán de llamar para siempre.

“Es una situación lamentable; no podemos proveer un servicio que es muy necesario en nuestros municipios”, dijo Cira Angeles, quien ha brindado servicios en el equipo de Black Car and Livery Task Force, al medio de difusión The City. “Son conductores que prestan servicios a comunidades con escasez, donde los taxis amarillos y otros vehículos no funcionan. La verdad es que todo el mundo está muy preocupado, porque la industria está muy muy mal. Ahora mismo, todos plantean que no logran reunir la cantidad de dinero que necesitan para sus hogares o para cubrir sus gastos”.

La realidad es que la TLC podría poner fin a la pausa de las bases tradicionales. O bien, podría hacerlo el Consejo Municipal. El alcalde Adams ya dijo en varias ocasiones que apoya la idea. Entonces, ¿qué es lo que los detiene?

Si la ciudad quiere terminar con una industria que lleva décadas, lo menos que pueden hacer los reguladores y los legisladores es ofrecer una estrategia razonable de salida para las empresas y los conductores. Aplaudo a la TLC por arrojar un salvavidas a la gente que está endeudada por licencias para taxis, pero eso solo prueba que la ciudad puede mover montañas si así lo desea. Las bases tradicionales de vehículos de alquiler no piden que muevan montañas, solo una cantidad modesta de licencias de vehículos “limitadas” adicionales para brindar servicios a los clientes. Pero ¿por qué deberían sufrir estas bases por las irregularidades de los gigantes alimentados de capital de riesgo y los funcionarios municipales que se negaron a actuar hasta que fue demasiado tarde?

“Lo mínimo que debería hacer la ciudad es permitir que las empresas recuperen en forma de permisos parte de las pérdidas ocasionadas por la COVID-19”, afirmó Avik Kabessa, director de Carmel Car Service y miembro de la junta de  Livery Round Table, a The City. “Esto no es un límite, es una sentencia de muerte”.

Llamarlo “sentencia de muerte” no es una exageración… y es una sentencia lenta y cruel que no tiene ningún sentido. El trabajo ha ido recuperando terreno desde que la ciudad abrió por completo, pero, debido al límite, las bases tradicionales de vehículos de alquiler no tienen suficientes conductores para cubrir la demanda. Las bases tradicionales no fueron las responsables de la suspensión impuesta; solo fue necesaria después de que se les dio rienda suelta a los vehículos de alquiler de gran capacidad para que se descontrolaran, lo que devastó a las empresas de vehículos de alquiler que han provisto servicios a los ciudadanos y turistas durante décadas.